Año viejo.






Dedicado a esas personitas con quienes me cruce en la vida, aquellos angelicales seres, aquellos seres a quienes no pude ayudar; porque nadie merece sufrir así.
A toda persona inocente, menesterosa de atención, amor y un cálido hogar



















Así como el día se va, así se va el año, se va la gente con los recuerdos, bellos o no tanto, ¿Qué queda…?

El día de año viejo es frío en la región de ensenada; los autos pasan con rapidez, noche oscura y fría, las ramas de los árboles plantados en las aceras crujen con un sordo eco, dignos de un árbol en época invernal.
Mujeres y hombres, cada quien con algún acompañante, apresuran el camino a casa, para disfrutar de una cena caliente en compañía de familiares y amigos, junto a la chimenea, un sofá o una mesa, brindando por los días terminados, por los días venideros, por todo aquello virando a su alrededor; Los niños sonríen al ver a sus padres brindar, bailar y comer uvas en muestra de riqueza y prosperidad; abuelas narran historias fantásticas de una juventud pasada, los nietos ríen a carcajadas, regocijándose cada familiar.
Murmullos, sonidos, algarabías de júbilo.
En una casa de dimensiones gigantescas se puede oír:
-Este año quiero que Johnny entre a la mejor universidad.
En otra:
-Ojalá este año las ventas aumenten, y los empleados no pidan tantos aumentos, que me dejarán con lo justito.
-De algo tienen que vivir, además con lo que ganas te puedes permitir buenos lujos Martin.
-Ya, pero yo también quiero lo mío, sino entonces ¿para qué abrí mi propia empresa?
-En eso concuerdo.

-Por el éxito, Por la prosperidad, por un año de nuevas oportunidades.- Cristal chocando al son del brindis suena en una casa de estilo moderno, con habitaciones iluminadas en costosos focos led personalizados, colocados hasta por donde cupiesen.

El reloj Rotario marcaba las veinte horas, día treinta y uno de diciembre, faltan cuatro horas para que se termine el año.
Nadie puede estar triste, nadie.

Por la calle Delante se observan dos figuras de pequeño tamaño, hay poca iluminación; las dos figuras van con paso lento tomadas de la mano, mirando alrededor con mirada perdida, con vaga determinación hacia su destino, ya no sienten el frío como antes, cosas más importantes de las cuales preocuparse acaecen en sus mentes.
Se detienen ante el semáforo en rojo de la Av. Dr. Pedro Loyola, por fin se iluminan sus figuras gracias a los faros de un coche. Se logran percibir las caras de dos niñas, una de once años y otra de unos siete años aproximadamente, vistiendo andrajos, el cabello de una es de un negro profundo, el de la otra es de un color avellana.
Lo que más llamaría la atención de una persona observadora, de una persona que no se deja llevar por el mundo llano y superficial, es que la mirada de esas niñas es desconsoladora, la cara de ambas refleja, además de suciedad producto de descuido, una niñez dura, tienen los pómulos algo regordetes, como los de un bebé, sin embargo los ojos de ellas son los que más llaman la atención, esos no son  ojos de un niño, su ojos reflejan un miedo profundo, resignación aceptada  prematuramente, son los ojos que se esperarían de un adulto quien ha  perdido todo, incluso se podría afirmar que han perdido a cada integrante de la familia ante su vista e irremediablemente.
Esos ojos también buscan ayuda, ojos marrones brillantes, como pasta de chocolate, tiernos ojos, incomprensible sentir, descenso indescriptible, vivencias nunca contadas, vividas de muchos, contadas por muchos, pero no siempre por todas la personas a quienes ocurren.
¡Oh! ¿Qué te ocurrió a ti humanidad, que dejas morir a tu descendencia y cuando tratas de ayudar solo lo empeoras?

Varias personas se escandalizan con la presencia de esas niñas, unos las ven como si estuvieran viendo un sacrilegio vivo, otros son indiferentes, unos se apiadan de ellas pero no quieren hacer nada, pues no creen que sea bien visto.
Una mujer anciana próxima a la banqueta junto a las niñas abre la ventana de su coche, se oye el vals no. 2 de Dmitri Shostakovich, música que de un momento a otro cambia el ambiente lóbrego del lugar por uno más vivo y alegre, aunque no parece cambiar el ánimo de las niñas.
-Hijas, ¿Dónde están sus padres?
-Nuestros padres están en casa- Dijo la mayor, ocultando a su vez información.
-Pero ¿A qué clase de padre se le ocurre dejar a sus hijas fuera en un día tan frío, y más aun siendo un día como este? Pensó casi en voz alta.
Ella se queda observando el vestido de ambas niñas, manchados de lo que parece tierra negra u hollín, un mal remendado abrigo, antaño probablemente de verde luminoso, ahora de un verde opaco, cubre a la más pequeña, la mayor lleva puesto un suéter rojo con una de sus mangas deshilachadas. Los vestidos largos que llevan son de diferentes telas, pero no dan la impresión de alguna vez haber sido nuevos, la única semejanza en ambos son unos bordados de cisne algo desfigurados. Las dos niñas van descalzas, sus pies están negros y lastimados, no se notan las heridas, gracias al asfalto impregnado en sus pieles.
-¿No quieren que las lleve a su casa?, la noche parece empeorar.
Las dos niñas miran al piso hasta ese momento, levantan brevemente la mirada a la anciana, no es mexicana, su color de piel es blanco, sus ojos verdes, peinada con trenzas a cada lado de la cabeza en forma de caracol, sus maneras son claramente extranjeras, ella es italiana tal vez, ya que su dominio del español es apreciable.
-No señora, no se moleste-
-Insisto hijas, este lugar y menos esta hora es adecuada para ustedes-
-No gracias; por favor no insista-
Ellas tratan de salir de esa situación, temerosas, pues no es la primera vez de ese ofrecimiento en la vida.
Viven con otros recuerdos, uno en especial ronda por sus mentes…
Ellas caminan, esta vez por Luís Echeverría, calle Torreón, veinticuatro horas de la noche, perdidas en el camino temen no llegar a su destino. La menor de ellas cruje sus dientes, mucho le aqueja.
-Tengo hambre Lili
-Yo también Lisa, pero calla, este no es momento para eso, debemos llegar a casa.
Aguantan el llanto, el hambre, la baja temperatura, estar perdidas en un camino obscuro, donde nadie se preocupa por lo que hay fuera.
-¿Cuánto falta para llegar?
-No sé, no, no me preguntes- Lili, la mayor sabe que es ella la que debe mantener el temple, no llorar, se siente impotente, no desea tampoco llamar la atención de nadie (si es que alguien las logra ver), pues tiene previstas las consecuencias de ello.
Dan la vuelta a la calle Constituyentes de 1917, zona poco transitada por esas horas, con casas elegantes y decoradas con setos, jardines floreados; en otros momentos se habrían quedado a mirar con detenimiento las casas, soñando con algún día en un futuro cercano, vivir en una, con personas que las cuidaran y las peinaran mientras juegan a las muñecas. Muchos sueños desvanecidos una vez pasadas esas zonas, una vez llegando a las cloacas de la ciudad.
Ninguna conoce el lugar, pues suelen frecuentar solo la Zona Centro de la ciudad para buscar alimento, más allá les es desconocido. Ellas están en la Misión, pero eso de nada les sirve, no conocen el lugar, desean llegar a la calle Segunda, allí es donde se refugiarán.
Un coche se detiene, una mujer las llama, ellas responden con alivio.

-Hola niñas, ¿Quieren que las deje cerca de sus casas?, yo las conozco y sé dónde viven, entren que está mal la noche.
-Señora, tenemos hambre, denos algo de comer.
-No se preocupen mis cielos, yo les daré algo caliente, y las llevaré a casa junto a mamá y papá.
Esas palabras no reconfortan nada, ya que es su casa no hay más comodidad o mejor trato, comparado con el inclemente clima. Sin embargo es el único lugar al que pueden ir, el único refugio en donde dormir.
Suben al coche atropelladamente, una seguida de la otra. Apestan a basura.
El vehículo tiene los asientos recubiertos con plástico negro, la mujer rocía spray aromático por todo el lugar.
Las luces superiores del carro dejan ver la cara de la mujer, de unos cuarentaicinco años aproximadamente, tiene surcada la cara con arrugas, rubor mal maquillado, labios carnosos, muy rojos y feos, pómulos prominentes, cejas remarcadas con pestañas largas, su exagerado maquillaje hace dudar de su género.
-Tomen esto, las hará entrar en calor-
Les da algo a beber de una petaca, inocentes criaturas no saben para qué se utiliza ese trasto.
Un sorbo le quema la garganta a la más pequeña y escupe.
-Niña mala eso no deberías hacerlo- El semblante de esa persona se modifica, su arrugas se fruncen, cambiando el aspecto que tenía hasta poco antes, el cambio es súbito, pues si ya de por si era fea, aún más entonces.
-Bájenos, queremos salir, no nos haga nada- Lili comenzó a llorar, Lisa tosía incontrolablemente, había probado cosas que ardían, nada como aquello.
-No, ahora vendrán conmigo, y se callan porque si no, se las verán directamente conmigo, créanme, nada han visto peor que yo- la voz de antes también había sufrido cambio, era aguda y estridente, ahora sonaba grave y monstruosa.
Lloran inconsolablemente en la parte trasera del vehículo, son calladas con manotazo dado al volante del carro.
La conductora, no sé, las amenaza con gritos.
Conduce con moderación para no llamar la atención de alguna persona quien pudiese andar en coche a tal hora. Esta el coche por avenida Hesiquio Trevino, con intersección en avenida Mar, justo enfrente de un cruce con hundimiento, con algo de agua, pues ese hundimiento forma parte de un conjunto de puentes, utilizados a causa de las mareas altas y bajas.
Manejando la mujer ya no soporta el ruido de las niñas, voltea hacia la dirección de ellas, deja de ver el camino, pues no teme por algún conductor a esas horas.
-¡Cállense!-
Ocurre un empujón, el carro se estremece, las niñas caen de los asientos, golpeándose la cara de Lili con el asiento delantero, y sangra, su sangre empapa el piso, Lisa cesa su llanto, está conmocionada, la mujer solo se asusta, pues llevaba el cinturón de seguridad.
Baja la mujer del vehículo hecha toda una fiera, desea descargar su furor en alguien.
-Oye tú…
Las niñas no oyen más, saben que deben salir, con mucha dificultad Lili abre la puerta, tan sigilosamente como puede, toma de la mano a Lisa, quien no ha salido de su estado conmocionado, a tal nivel y con tanta precipitación, que ni la articulación de una palabra es concebible.
Lili con la sangre corriendo por su nariz, lleva a Lisa por el hundimiento de la carretera, zona conocida ya por ella. La hemorragia cesa, no voltea la mirada.
Llegan a un matorral cerca del puente de la calle novena, se refugian ahí, Lisa recobra el sentido y rompe en llanto, ese hundimiento generado por las mareas está húmedo, lleno de vegetación, la luna llena ilumina el lugar. Ellas no quieren meterse debajo del puente, así entonces hacen un ovillo con sus cuerpos, se abrazan, lentamente se dejan abrasar por el sueño, único benefactor de ellas, teniendo al matorral como protector de su ubicación.

-Niñas, niñas, oigan-
Ellas despiertan de una especie de sueño, aún con el semáforo en rojo.
-Sí señora-
-Les decía que si no querían el viaje, al menos me aceptaran esto.
Saca por la ventanilla del carro dos pares de tenis nuevos, muy bonitos, tenis deportivos, color blanco, de apariencia costosa.
-Miren, estos eran para mis nietos, no creo que les importe, igualmente les puedo regalar algo más; ya sé que son de niño, pero no creo que importe realmente.
Además también saca cuatro magdalenas con trozos de nuez, de un gran cesto al lado de su asiento.
-Tengan esto y esto- les extiende un billete de cincuenta pesos- es lo menos que puedo hacer por ustedes, ángeles divinos, espero pasen una feliz noche.
Dicho esto cerró la ventana del coche. La luz había cambiado hace poco, el verde brillaba.
Las niñas alcanzaron a notar como el vehículo se alejaba, la imagen de la anciana se obscurecía, veían como se limpiaba los ojos con algo parecido a un pañuelo. Aquella anciana realmente fue afectada, dentro del carro ella solo reflexionaba acerca de las niñas desconocidas, ¿Por qué estaban ahí fuera, cómo es que seguía habiendo niños sin atención?
                -México me pareces un hermoso país, te falta mucho por mejorar. Niños, ustedes son el futuro de la nación, no esto no puede ser así.
Lloraba por dentro y por fuera, esa mujer anciana sabía todo lo que deseaba hacer; no todo lo deseado puede ser cumplido, nosotros creamos reglas, creemos tener razón, no vemos las implicaciones de nuestros actos. Aquello protegiéndonos de nosotros mismos, de nuestra naturaleza, es lo mismo que nos ata, nos detiene. Construimos muro, somos aplastados por el mismo.
El año viejo se va, el año nuevo llega, nosotros seguimos aprendiendo, seguimos dañando, seguimos ayudando, todo gira alrededor nuestro, mucho está en nuestras manos.
¿Qué será de aquellas niñas?
¿Querrá el divino apiadarse de esos inocentes seres vagando por algún lugar desconocido?
Ellas continúan su camino hasta la calle segunda con intersección en avenida mar. Desaparecen junto a unas casas abandonadas. Como un fantasma sus figuras se pierden en la oscuridad.

Así como el día se va, así se va el año, se va la gente con los recuerdos, bellos o no tanto, ¿Qué queda…?


*En proceso
Bella cualidad.

Virtud, eres para mí como un espejo,
¡oh!, en ti ahnelo ver mi reflejo.
Estando cerca, estando lejos,
veo una figura informe,
si tan solo pudiera ver mi rostro
estaría conforme.

Habitando en mi corazón,
la verdad debe ser mí principio noble; 
inmundicia amenaza mi razón,
cual usura sobre interés doble;
la sabiduría te hace pilar fuerte,
lo contrario, loza endeble.

Mírame, tus ojos desvanecen,
siendo tú fuente de luz divina,
creación eterna, consuelos que esclarecen,
constante entre noche cansina.
-Ideas surgen, mil estrellas consigues,
¿cuál de ellas será real consigna?


VI.            Muestras inteligentes.
La noche era inminente, se tenían que refugiar. Fulgor sugirió subirse a los árboles, lo cual rechazo Eulogio, alegando cansancio.
-Vamos a buscar una cueva, es el mejor refugio temporal-Dijo Eulogio-, sin mi dispositivo de energía en buen estado no podre procurarnos un lugar adecuado en el que podamos reposar hasta el día siguiente, no vale la pena arriesgarse.

Caminando a paso veloz supieron encontrar una pequeña cueva, un tanto fea, otro tanto tenebrosa, aunque ello no era importante si su principal objetivo era el resguardarse.

La cueva estaba cerca de un arroyo, directamente al pie de una montaña tan grande que solo se alcanzaba a distinguir su cúspide muy a penas; la cueva estaba muy oscura, aunque no parecía muy profunda.
El tiempo apremiaba, oscuras nubes se asomaban por el horizonte. Eulogio recogió algunos secos leños esparcidos por los alrededores. Deseaba ver alguna muestra más de inteligencia por parte de Fulgor, así que le indico que le siguiera hacia la cueva.

Estaba frío el lugar, un roedor alcanzaba a huir, los insecto se arrastraban por las pequeñas grieta del  suelo; mirara por donde se mirara la cueva tenía un aspecto desolador.
Eulogio entro en la cueva, secundado por Fulgor, el cual expresaba desconfianza, mirando hasta el mínimo movimiento percibido por su instinto de supervivencia; Eulogio parecía extrañado, pues la cueva de algún modo había estado habitada, unas migas de comida se manifestaban, a la vez casi imperceptibles, trozos de piel animal muy burdamente arrancados también se veían. La luz aminoraba su intensidad a pocos pasos de la entrada, aunado a ello la hora y el clima, realmente dificultaba la visión.
Eulogio hizo emanar luz de su dispositivo, gran alivio, no una solución a la baja temperatura de la cueva, ésta dando nuevas pistas sobre su anterior huésped: huesos, cascaras de fruta, y…
¡Oh, maravilla!, un cráneo perteneciente a un ser similar en forma a Fulgor, cercano incluso al propio Eulogio. Extraordinario hallazgo, prueba contundente del poblamiento de otro ser inteligente aparte de Fulgor
-          Sin duda mis suposiciones son acertada, ¿a cuántos especímenes tendremos aquí?
Fuera, la lluvia comenzaba, un aguacero caía. La lluvia se precipitaba con tanta abundancia, que un tsunami no habría causado mayor alarma, la mayor preocupación de Eulogio fue un desbordamiento del rio.

De un momento a otro la lluvia fue aminorando, ¿abriendo los grifos del cielo para lavarse la cara? Quizá. El clima dio muestras de súbito cambio.
-Según sé, en los planetas terrestres como este, el clima es mucho mejor, aunque en zonas tropicales puede llegar a transitar usualmente. ¡Cuánto me alegro de haber aprendido mucho acerca de planetas habitables!, lo cierto es que era más una obligación si quería convertirme en un investigador. No niego haber disfrutado de esos largos momento cultivando mi mente…
Fulgor estaba tranquilo, sentía en Eulogio un nuevo “sentimiento”, amistad en términos humanos; necesario era proveer calor llegada la noche, se dispusieron a limpiar un rincón de la cueva, uno amplio, Eulogio barrio un espacio con la hoja de un banano, mientras Fulgor amontonaba la pila de leños para formar una especie de tipi, en el cual se introdujo a duras penas.
-No, los leños no son para eso, tú deberías saber para que los quiero.
Terminó de barrer, se sentó al lado de Fulgor, le dirigió una mirada desafiante, pero amable:
-Al leer los primeros los datos, antes de llegar aquí, el registro decía “Muestra inteligente: invención y transformación de materia; fuego”

Tomando una vara, una roca, un trozo de pedernal por ahí, se los paso a Fulgor, haciendo señas, moviendo sus manos primero hacia su cuerpo, fingió tiritar, redujo con un chasquido la intensidad luminosa de las partículas que anteriormente libero, apunto a la madera, luego a los objetos facilitados a Fulgor.
Consternado Fulgor, no sabía cómo actuar, su amigo se comportaba de forma muy extraña, entendía el frío por el pasaba Eulogio, lo demás le era totalmente confuso. Consiente era de la desnudez de Eulogio; se acercó, lo abrazo, toco su rostro, intentaba articular alguna palabra o expresión, dándole aliento. Eulogio percato en esto último otra muestra de inteligencia, la empatía.
-          Qui-e-ro fu-e-go, Ful-gor –

Llego la noche, amenazante, envolviendo todo en tinieblas; seguían sin tener fuego nuestros personajes. Resignado a no encontrar respuesta por parte de Fulgor, Eulogio llego a una conclusión, era mejor enseñarle a su amigo el fuego, ya que muy posible era el descubrimiento del fuego por parte de otros individuos.
Llego la noche, amenazante, envolviendo todo en tinieblas; seguían sin tener el preciado fuego nuestros personajes. Resignado a no encontrar respuesta por parte de Fulgor, Eulogio llego a una conclusión, era mejor enseñarle a su amigo el fuego, ya que muy posible era el descubrimiento del fuego por parte de otros individuos.
Extendió una rama sobre el suelo, tomo una más entre sus dos manos, froto una la punta de la rama sobre la extendida en el suelo, haciendo fricción durante unos segundos, le pasó el sistema a Fulgor para que lo intentase, imitación es tal vez una forma primitiva de aprendizaje, lo importante es su eficacia. En poco tiempo fulgor ya imitaba los movimientos de Eulogio, exaltado y emocionado ante esto, estaba acortándose de alguna forma la gigantesca brecha separadora de sus inteligencia, abismal sin dudas.

Decidiendo justo el tiempo necesario, dio una señal de cese a Fulgor, tomo la roca y el pedernal, los hizo chocar sacando chispas. Fulgor solo pego un brinco, no estaba acostumbrado a ver fuego, lo atribuía a desastres naturales, los cuales causaban muerte, destrucción, miseria a su paso, estando cerca de Eulogio todavía su primitiva mente dominaba la incipiente razón en sí. Estaba a punto de estallar, salir aturdido fuera, alejarse de ese monstruo abrazador y candente, controlarse se estaba convirtiendo en una proeza titánica. Olvido todo, se levantó… se oyó nuevamente aquella melodía poseedora de vida, hacedora incansable de paz, equilibrio natural de la vida.
Eulogio tocaba su flauta envolviendo a la cueva con cada nota, le daba vida, toda ella se ilumino, resplandecía, no fue la luz de las partículas dispersas por todos los rincones ni el fuego recién encendido, no, era una luz, de aquellas que solo aparecen en momentos cruciales de la vida humana, donde la valentía es el camino único a la verdad.




V.            Misión
Eulogio estaba meditabundo, creía saber la verdadera razón por la cual había sido rechazado, pero la negaba rotundamente, ¿podía haber otro ser inteligente además de los pertenecientes a Fulgor?
Era poco probable, ya que cada señal de inteligencia era interpretada de manera muy exacta, sin embargo era deber del instructor el encontrar al ser inteligente.

El tener dos señales era, por otra parte, algo realmente raro ese lado del universo. Las señales de inteligencia mayores a dos eran extremadamente raras, y por lo general al termino del cuidado terminaba en el exterminio de los seres inteligentes, o dejando solo a una raza. Habían casos mucho más raros  de señales varias aún, formando alianzas de poder e inteligencia enormes, descubriendo también la esencia de la magia real, esos seres eventualmente descubrían el secreto y de esa clase de seres era a los que pertenecía él.
Le costaba trabajo el hilar los acontecimientos sucedidos antes de su llegada a la tierra, pues lo último que recordaba era una señal borrosa, la cual quizá si haya malinterpretado después de todo.
Reflexionaba todo.
Estando algo confuso de repente dio un salto y se fue a sentar cerca de un arbusto silvestre. Fulgor estaba conmocionado todavía pero observo con exaltación como emergió de dentro de la mano de Eulogio una luz azul que a su vez soltó muchas letras, parecidas al lenguaje humano, revoloteaban, de un lado a otro, y las letra parecían tener vida, tan finas como los trazos de una perfecta caligrafía pulida por años. Las letras dejaron de revolotear y se reagruparon encima de densa espesura cercana a Eulogio, formando una fila ordenada de letras como un alfabeto.
-Mi misión- dijo Eulogio.
Todas letras inmediatamente se movieron como con voluntad propia, pareciendo personas apresuradas a formarse dentro de un batallón por orden de algún sargento.

Fulgor se maravillaba de las letras, pues de alguna forma pensaba que eran hormigas, ¡pero vaya!, que hormigas tan listas, se movían de manera muy rara. Fulgor intento aplastar una, pero solo consiguió atravesarla, además de aparentemente hacerla enojar.
Las letras formaron una oración que viene significando algo así:
 “Tú deber es el encontrar el ser vivo inteligente del planeta al que has sido enviado, enseñarle lo básico para su progreso, vigilar su supervivencia, y…”
El alfabeto restante se volvía loco dando vueltas, recordando a una persona nerviosa por un examen para escuela.
-Está dañado mi dispositivo de información- se lamentaba-, de todas formas ya sé mi misión, pero no puedo volver a menos que tenga lo que necesito, así que me las apañare de alguna forma.
-¿Cuántas señales de inteligencia hay en este mundo- continuó.
De nuevo las letras se comportaban de un modo extraño, en especial los que debían ser los números, pues parecían enfermas.
-Lástima, hasta no saber con qué materiales cuenta este planeta, una reparación no sería factible.


IV.            Primer contacto.
El viaje se volvió más cómodo, Fulgor iba y venía entre las ramas de los árboles frutales, trayendo frutas dulces, de mil y un colores, en ramas de bananales, toda una mezcla heterogénea totalmente viva.
Eulogio se sorprendía con los movimientos de su compañero, preguntándose a menudo si los arboles habían sido creados con el fin de darle mayor comodidad a los nuevos seres inteligentes que creía haber encontrado.
Cruzando un ancho pero poco profundo río veía el tosco andar de Fulgor, entendió entonces que enseñarles todo lo necesario para avanzar como sociedad sería un verdadero reto, aunque muy placentero. Le recordaba a los infantes, que tenían que ser educados ,así como él, en todas y cada una de las artes, para luego ser enviados a planetas inteligentes para guiar en sus inicios a una nueva sociedad.
Pensando así cruzo la vegetación, arroyos y ríos, en realidad no habían caminado mucho. Fulgor bajo de los árboles, aminoro el paso, nuevamente se le veía alterado, temeroso, pero con firmeza continuo a paso raudo pero sutil. Se escuchaban gritos hostiles aproximándose, Eulogio conservaba la calma en todo momento, y de alguna forma esa calma impregnaba la determinación de Fulgor.

En ese momento apareció de improviso un chimpancé grande, lleno de cicatrices, con ojos encendidos en cólera, junto a él venían otros chimpancés de menor tamaño, sus subordinados.
-Son capaces de coordinarse lo suficiente para defender su territorio de intrusos- pensó Eulogio- pero debe ser muy limitada esa coordinación si se pelean a menudo por el status- continuo pensando a la vez que miraba a Fulgor como un renegado de la manada.
Los chimpancés subordinados viendo a Eulogio rápidamente subieron a los árboles, y comenzaron a tirarles nueces, manzanas, junto con heces de pájaro.
El jefe de la manada en un afán de marcar superioridad, dio un fuerte rugido, lanzándose hacia Eulogio con intención de herirlo, haciendo que huyera de esa forma.
El primer golpe fue una embestida…
Eulogio no dio tiempo al enfurecido animal de atacarle, ya que sus movimientos fueron tan ágiles incluso para un animal capaz de maniobrar entre ramas.
Eulogio saco su flauta en ese mismo instante, toco la melodía. Entre los simios hubo un silencio inusual, al igual que Fulgor, ellos no podían entender ese sentimiento encontrado, se sentía parecido al placer de ingerir alimentos pero cientos de veces más intenso, algo nuevo surgía.

El jefe se acercó a Eulogio, lo miro directamente, con una mirada de más complacencia, le olió, supo que ese ser no era un simple ser como ellos u otros animales. Quedó estático unos momentos, embelesado.
¿Que qué ocurrió?
Nada, el chimpancé dio un segundo grito de manera tan atropellada, sonando más bien a un alarido y emprendió la huida junto a los demás simios, dando a entender que no los siguieran si no querían problemas.
-Criaturas muy tercas, si me permites una opinión, tú eres más civilizado que ellos, mira que no entender la música- Decía mientras reflexionaba su misión, al lado Fulgor ni se inmutaba.




III.        Primeras aventuras de Eulogio.
Como Eulogio había caminado un largo tramo antes de encontrarse con el chimpancé, decidió darse un baño rápidamente en el río al cual lo había conducido su acompañante, para así dirigirse al refugio de simios, del cual él tendría que hacerse cargo.

Caminaron por la selva húmeda, mientras Eulogio pensaba en los primeros conocimientos que habría de impartirles, ya sea practicar la agricultura o la ganadería, o bien dedicarse a enseñarles metalurgia, y a contar principalmente; el chimpancé caminaba con algo de desconfianza, ya que aunque guiaba a ser semi-simiesco de apariencia dócil, dudaba que la presencia de ambos en la tribu fuera aceptada, pues él había tenido varias confrontaciones con el líder del grupo al cual se dirigían.
Continuaban el camino por entre árboles, una que otra hierba gigante y animales que tanto Eulogio como el simio procuraban evitar.

El ambiente era húmedo, se sentía sofocante, eso afectaba a Eulogio el ser que estaba acostumbrado a otro clima, un clima regulado para la existencia.
-¿Falta mucho para llegar?- Preguntó- Es que aún no me acostumbro al clima exterior-
El chimpancé por señas le indicó que había un precipicio muy cerca y que debían bordearlo para llegar a la manada, que se encontraba a lado contrario.

Viendo Eulogio que el camino se tornaba peligroso, penoso y largo, decidió sacar un artefacto jamás visto hasta ese momento, algo que llamo mucho la atención del chimpancé, era reluciente, como un palo con terminación brillante, parecida al sol en algunas partes. Era un palo tan bello… el chimpancé inmediatamente se lo quito a Eulogio de las manos y se dedicó a jugar con el descubriendo también que se podía ver a otro chimpancé dentro del artefacto brillante, intento golpearlo, ya que era hostil en respecto a su propiedad. El chimpancé al primer golpe salió herido, un corte perfecto, le era extraño verse cortado de ese modo por otro simio.
-Detente- le gritó Eulogio- no hagas eso.
El chimpancé era oídos sordos cuando se trataba de rivales, así que tomo el artefacto que contenía al otro simio y lo arrojó por el precipicio.
Eulogio se lamentó por lo sucedido, e inmediatamente trató de explicarle qué era el artefacto y por qué no debía asustarse, aunque el chimpancé estaba todavía muy alterado por el corte y la impresión, todo sucedido tan precipitadamente.
Eulogio volvió a sacar un objeto, esta vez más pequeño, agujerado, que comenzó a soplar lentamente, era un sonido melodioso, dulce, nunca antes oído. Reconfortante sí, Eulogio llamo al chimpancé a su lado, le presto su palo de madera.
-A esto se le llama instrumento musical-Dijo Eulogio- no temas, te enseñaré a tocarlo a su tiempo; cuando te sientas solo y en situación crítica debes aprender que existen formas de recuperar la calma, para luego pensar en distintas soluciones, una de las formas más hermosas es la música, dedicada al apaciguamiento del ser.
Y así tocó una hermosa melodía que sonaba incluso dentro del chimpancé, regocijándolo, embargándole la sensación de total paz nunca antes presenciada. Junto a cada nota casi se podía ver a las hojas de los arboles danzar, a la tierra desprender humedad armoniosamente, a los mismos arboles moverse a compas más perfecto imaginado.
El chimpancé no pudo evitarlo, comenzó a danzar, como si alguien más se hubiera metido dentro de su cuerpo, alzaba el brazo, la pierna, movía la cadera, así iban sus movimientos perdiendo torpeza, hasta que la música y el simio parecían hechos de lo mismo: magia, pero una magia propia de la tierra.
Escuchando, bailando, llegaron a unir fuertes lazos, no un lazo amistoso, no, en realidad un lazo más poderoso.
El chimpancé se mostró afable en el trato, pues creía encontrarse con un ser superior.
Ya calmado el chimpancé, Eulogio saco un artefacto parecido al anterior arrojado al abismo,
-Esta cosa se llama hacha-Dijo con firmeza y claridad- Sirve para cortar y esta hecho de mineral, el cual puede reflejar la luz- terminó apuntando hacia el sol.
Al lado de ellos se encontraba un árbol de gran altura. De dos golpes lo derribó, utilizándolo como un puente, ya que en esa zona abundaban los gigantes.
Solo basto uno derribado para cruzar el abismo, ya que no solo era gigante sino también grueso.
-Nunca se debe abusar de la naturaleza, te lo digo yo, que soy parte de los creadores de la vida- Señaló Eulogio mientras caminaban sobre el árbol derribado.

Saco Eulogio de su bolsillo un frasco pequeño que contenía una substancia brillante plateada e hizo gotear un poco sobre la copa de árbol y exclamo:
-Vuelve a tus orígenes-
Inmediatamente la substancia hizo que el árbol se convirtiera en tierra y desapareció.

-Tú eres parte de los animales que van a conquistar este mundo ¿no?- continuo Eulogio- pues bien necesitas un nombre, ¿te gusta esto?- dijo sacando su flauta-, entonces te he de llamar Fulgor Melódico.
Nombre interesante al parecer para el chimpancé.
Así cruzaron el abismo, continuando el camino, llegando a una montaña. Por indicación de Fulgor Eulogio supo que la ubicación de la manada era cruzando ese monte…


La música no solo forma parte de los seres inteligentes, está en todas partes.

II.           Un paso hacia la civilización.

El primer instante, al poner sus pies sobre la playa, todavía estaba cubierto de una substancia viscosa, la cual lo impregnaba desde su salida del interior de la tierra; Eulogio decidió darse un baño, buscar refugio, alimento, y planear la ruta para localizar a los seres inteligentes.
La playa era un lugar desolado y triste, no merecía la pena quedarse, unos metros más lejos se podía ver una selva no muy espesa, era la primera vía de Eulogio hacia su objetivo principal.
Adentrándose hacia la selva, camino largo rato, cuando se topó con un chimpancé que estaba disfrutando de un mango.
El chimpancé estaba muy tranquilo engullendo un trozo de mango, disfrutándolo sentado en el tronco de árbol de mango, pero de pronto se estremeció, dio un alarido y trepo el árbol, con tanta rapidez que Eulogio apenas hubo exhalado un suspiro. El chimpancé llegó rápidamente a la cima del árbol, mientras se lamentaba haber perdido el suculento mangar escaneaba con sus ojos el terreno para encontrar al intruso, el cual seguramente sería el chimpancé macho dueño de esa zona en la que estaba de invasor. Inmediatamente vio a un ser alto, parecido a él en esencia pero sin pelo y completamente erguido, con piel de color ciruela; era tanta la curiosidad invadiéndole que casi se cae de la frágil rama de la que se agarraba.
Eulogio también quedó maravillado del hallazgo, pensando en el chimpancé como al ser inteligente al que habría de enseñar la lengua, la agricultura, la ganadería, y las artes, así incluyendo las ciencias y las matemáticas.
El chimpancé tenía mucha curiosidad como hambre, pero la curiosidad lo exasperaba. Bajó del árbol con precaución, mirando fijamente al sujeto por si se le escapaba, mientras el extraño ser se acercaba lentamente, ese acercamiento tenía un augurio de grandeza.
Estaban tan cerca uno de otro, que podían oír sus respiraciones, Eulogio inclinó la cabeza en señal de saludo, algo que desconcertaba al chimpancé, pues nunca había visto nada igual.
-Me llamo Eulogio, ¿Así que eres ese ser inteligente capaz de aprender a un ritmo acelerado?-dijo Eulogio con tono suave pero firme-, pues bien lo veremos.
Inmediatamente utilizando un lenguaje de señas muy simple, le pregunto dónde podía encontrar un depósito de agua.
El chimpancé no salía de su asombro, mientras escuchaba los sonidos provenientes de ese sujeto. Se le acerco, lo olfateó, lo tocó, incluso intentó orinarle, cuando se dio cuenta que el extraño estaba tratando de llamar su atención, sin embargo al principio no parecía tener sentido la sarta de señales que le daba. Al final se percató de lo que deseaba.


I. Inicio de la huella humana.

El primer chasquido produjo una reacción de exaltación entre todos los que se hallaban rodeando al que parecía el jefe … nada, nada ocurrió, todo seguía aparentemente tranquilo, el segundo chasquido produjo unas chispas, haciendo saltar a más de uno entre el reducido grupo; era el nacimiento del humano inteligente, el homínido sobresaliente de entre todos los ya extinguidos, que con esa chispa veía su dominio marcado y triunfos asegurados.

En ese mismo momento, dentro de los abismo oceánico, se encontraba una ruptura, cada vez más grande, era como si la tierra estuviese creando a su hijo, un hijo formado por energía vital, la tierra se fragmentaba como si de una falla geológica marina se tratara, luz incandescente brotaba de la ruptura creada, luz casi tangible, luz palpable, parecida a la magma, pero sin el calor producido por ella,
¿Un parto de la madre tierra? Se puede decir eso. Lo claro del asunto era lo siguiente: un ser inteligente se habría de imponer, lo cual claro iba a requerir equilibrar sus acciones y guiar sus primeros momentos hacia el avance, sea cual deseen.
Dentro de tal falla estaba saliendo una especie burbuja, la cual al principio batallaba para emerger de la tierra. Ese fue el único problema, ya que al tener solamente la mitad de su volumen fuera de la tierra, inmediatamente salió disparada a la superficie del mar, matando a un cefalópodo architeuthis con el impacto.
La burbuja había demostrado suficiente fuerza, aunque no la suficiente, ya que en la superficie reventó inmediatamente al contacto con el oxígeno, dejando a Eulogio en la superficie.

Nadó a mar abierto durante una semana completa, sin consumir alimento ni bebida, su resistencia era descomunal, ni el frio ni el hambre persistente pudieron detener su principal empresa, el encargo de guiar a los seres humanos durante sus primeros pasos, convicción y deber acaparaban aparentemente su mente.
Llego exactamente al séptimo día del descubrimiento por el ser humano a la parte noreste de lo que se conoce actualmente como África, ya para ese momento las personas usaban fuego para mal cocinar sus alimentos…


Eulogio es un nombre que se menciona en las leyendas de poblados pequeños de la Tierra  de Geviar, leyendas para los más pequeños y los adultos más aventurados; trata de un ser  que vive en las montañas como un ermitaño, vive de la tierra, recolecta o pesca cerca de lagos y ríos, pero tiene una gran peculiaridad: no puede ser visto fácilmente por las personas, ya que se oculta muy perseverantemente, entre el enmarañado del follaje o en lo profundo de las cuevas, las cuales son hermosas representaciones de un corazón cálido, ya que si alguien venciera sus miedos y se colara en la cueva correcta, llegaría después de un largo tramo obscuro a una zona que solo puede ser recordada como una habitación mágica (digna de esos viejos cuentos narrados por los más viejos) con gran majestuosidad, donde los destellos de las almas se verán dentro pequeñas perlas, habiendo objetos extraordinarios, como el reloj de madera incandescente, que otorga a su portador la habilidad de perder todo miedo pero sin perder sentido común acompañándole una sensación de calidez, como si de una réplica del mejor momento de su vida se tratase; objetos que encierran la vida misma y la magia de la fe. 
Quienes lo ven, nunca más tienen esa dicha, llegando a recordar el día en donde se cruzaron sus caminos como el más agradable de su existencia, incluso recordándolo vivamente a una edad muy avanzada, ya que ninguna enfermedad senil o psicologica puede contra la divinidad de ese recuerdo.
Ese es el hechizo más bello que describen del hombre del bosque.

Su nombre se menciona desde hace mucho por esos poblados, y según las personas él es un "hombre" de apariencia joven, de unos 24 años, mirada soñadora, semblante apaciguador, presencia imponente, un andar resuelto , muy sabio, pues se dice que ha estado casi desde que el primer ser humano inteligente existió. 
Pese a lo que suene, él no es malo, ni feo o apático, es simplemente el guardián del orden natural de las cosas. Es mencionado como el equilibrador de todo lo que pasa en este mundo, y siempre deja que los humanos resuelvan sus problemas, pero no siempre fue así; aquí es donde comienza esta historia…

Introducción:
Como es un blog bastante personal, iré publicando las historias como borradores, los cuales posean muchos errores gramaticales, secuenciales, etc...

 Pero quiero aclarar una cosa:
Soy principiante y puedo tener muchos fallos, solo que eso no me preocupa ya que espero recibir ayuda, ya sea de forma autodidactica o de retralimentación.

He aquí una primera parte de una historia que me inspire a escribir gracias a que como soy algo despistado olvidé hacer una presentación para la escuela, me desvelé escuchando música Lo-Fi; una noche lluviosa en la que sientes gran melancolía y te paras por un momento a pensar, a rememorar, a conquistar tus temores, la noche solitaria nacida para aquellas personas pensativas, personas gustosas de autocomprensión; historia hija, historia madre, historia o memoria suprimida según mi parecer. 

El siguiente texto no tiene título, me gusta pensar eso al final. Así soy yo.
Mi nombre artistico es Eulogio y soy de Cd. Juárez, chihuahua, México. Nacido el 15 de abril de 1999 , estudiante actualmente en 2018 y me gusta escribrir historias.

Estaré escribiendo diversos relatos de mi propia mano, mas  bien como hobbie , y tal vez escriba alguna que otra cosa de mi vida o pensamientos. Escribo aparte para mí mismo y si les gusta alguna de mis cortas historias les doy permiso para compartir y divulgar por donde les plazca.

¡¡¡¡¡Bienvenidos!!!!!
Esperen por una historia... Que aún no he definido el tema por el cual me centraré.